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Aprender a conducir y después a circular no se consigue simplemente superando un examen teórico y práctico. Además de conocer las reglas del juego, habilidades y actitudes necesarias para evitar riesgos ante cualquier imprevisto, es importante tener una visión conocida y real de nuestro entorno. Manejar los mandos de un vehículo requiere además una preparación previa de auto responsabilidad que tiene que inculcarse durante el proceso de aprendizaje.
Cuando vamos al volante, tenemos que ser conscientes de la necesidad de una toma de decisiones de manera continua, precisa y libre de cualquier emoción o sentimiento que pueda desviar nuestra atención. No se trata de la exposición de la buena conducta como única garantía de éxito ni nada por el estilo. Es, simple y llanamente, circular como lo hacemos a diario pero con una identidad propia que defina nuestro comportamiento en sociedad.
Actualmente, la formación vial en las escuelas particulares de conductores prepara a los alumnos sobre el control y habilidades del vehículo así como la conducción en situaciones de tráfico real adaptadas, muchas veces, a las exigencias del alumno y otras, condicionadas por el propio centro de formación. Sin embargo, según un estudio Noruego basado en la conducción segura, dice que hay dos nuevas actividades que complementan los objetivos adecuados para la educación del conductor.
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