Casi uno de cada cinco accidentes de moto, concentrados en 20 tramos de carretera

Motorbike

El colectivo motorista es de costumbres. Muchos nos vestimos en el mismo orden las prendas, ponemos siempre primero un guante (en mi caso el izquierdo) y luego el otro… y cuando salimos, tenemos nuestras carreteras favoritas, que normalmente coinciden con las favoritas de muchos otros compañeros. Por eso no son extrañas las cifras que arroja el informe sobre accidentalidad 2011 de motocicletas en el que revela que sólo en 20 tramos de la Red de Carreteras del Estado se producen el 18,9 % de los accidentes graves y mortales de motociclistas.

Sin embargo, esta accidentalidad analizada en el resto de vehículos sólo llega al 10%. Incluso en algunas carreteras, sólo se producen accidentes de motocicletas, como es el caso de la N-630 a su paso por Sevilla, entre el kilómetro 757,8 al 805, donde en los tres últimos años hubo 15 accidentes con 4 fallecidos y 13 heridos graves. No hubo ningún accidente de otro vehículo. La N-325 en Alicante también está considerado un tramo de alta concentración de accidentes de motoristas, con 14 accidentes en los últimos tres años, todos ellos de vehículos de dos ruedas.

Lógicamente, y a pesar de no conocer estas carreteras, me imagino como son casi sin equivocarme. Puerto de montaña con buen asfalto y con curvas de media velocidad. Una carretera ideal para circular en moto pero, siempre con cabeza.

Recuerdo que cuando circulaba por carretera, solía salir los fines de semana y siempre ir por la misma carretera. No me gustaba viajar, pero si dar una vuelta y disfrutar con los amigos de un agua en un bar. Y siempre cogíamos la misma carretera porque nos daba seguridades que otras no nos las proporcionaban.

Por ejemplo, conocemos cada una de las curvas y no nos vamos a asustar de repente con una de doble radio, o traicionera que parece salida de la nada. Además, poco a poco íbamos viendo como el asfalto se iba degradando, apareciendo los baches y con ello, los podíamos ir evitando y recordando paulatinamente.

También conocíamos qué tramos de carretera eran más conflictivos (cruces a las salidas de las curvas, zonas sombrías siempre húmedas) o con mayor peligro y que, aunque el límite de velocidad de la carretera te lo permitiese, era mejor ir más despacio para evitar un accidente. Aun hoy, cuando pruebo una moto, sigo circulando por estas mismas carreteras. Me puedo concentrar un poco más en la conducción y en las sensaciones y aprovechar la memoria y el recuerdo.

Una carretera conocida puede ser nuestro aliado pero a la vez, puede hacer que nos confiemos e ir por encima de las posibilidades de la vía o las nuestras. No nos confiemos nunca, ni aunque la conozcamos como el pasillo de casa.

Vía | Revista Travesía

Foto | Superkas83