Carreteras catalanas, carreteras con estilo propio

Eix Transversal, a la altura de Vic

La Generalitat de Catalunya quiere vestir de seda las carreteras que son de su titularidad. El Conseller de Política Territorial y Obras Públicas, Joaquim Nadal, ha presentado el Libro de Estilo de las carreteras catalanas, una guía para integrar las carreteras con el territorio y que entra en algunos aspectos relativos a la seguridad de las vías que resultan más que interesantes.

Integración con el territorio y mejora de la visibilidad son los fundamentos que presiden el manual, dirigido a los proyectistas y técnicos que participan en el proceso de construcción, gestión y explotación de las carreteras. El libro de estilo parte del análisis de la situación actual de las carreteras y se centra en la percepción que tiene el usuario de la vía. Algunos ejemplos de los elementos que se abordan en la guía son las barreras de seguridad, los puntos negros, las marcas viales y las rotondas o glorietas.

Barreras

En el caso de las barreras de seguridad, se plantea la posibilidad de, en algunos casos, rebajar la pendiente de los terraplenes adyacentes para evitar la colocación de la barrera. Sería una buena forma de terminar de una vez por todas con los guardarraíles que siegan las vidas de los motoristas que en una caída pueden chocar contra ellos. Y, en el caso de una salida de la vía a no demasiada velocidad, el impacto sería mínimo. El problema vendría si la salida de la vía viniera acompañada de una elevada velocidad, ya que se elimina cualquier contención longitudinal y por tanto el coche podría acabar empotrado contra un árbol, que es sin duda el peor elemento fijo contra el que chocar.

Marcas viales

Según la guía, las marcas viales se deben plantear considerando la seguridad y la comodidad en la conducción, mejorando la percepción del usuario y garantizando una buena visibilidad, lo que incluye la utilización de la retrorreflectancia y el color. En las aproximaciones a accesos y en las paradas de autobús se propone tratar de forma específica el arcén para incrementar la percepción por parte del usuario. Otro ejemplo parecido sería el tratamiento de los puntos negros de la red viaria, en los que la calzada pasaría a estar pintada de color rojo. Rojos o negros, seguirían existiendo, pero al menos se reconocerían fácilmente, si es que eso sirve para algo.

Rotonda urbana

Las rotondas son otro de los ejemplos clave de la reorganización estilística que propone la guía. Junto con el fin del cachondeo nacional de los resaltos, sería un primer paso para la uniformización de unos elementos de la vía que se han hecho dueños del asfalto durante los últimos años de forma más caótica que otra cosa. En el caso de las glorietas, la idea es que el macizo central se eleve ligeramente sobre el nivel del suelo para evitar deslumbramientos y por otra parte impedir que el anillo central de la rotonda se convierta en un impedimento para la visibilidad entre conductores y vehículos. No está mal como idea, pero parece un criterio difícil de hacer llegar a todos los entes que tienen competencias sobre estas infraestructuras. El tiempo lo dirá.

De todas formas resulta, como mínimo, chocante que a estas alturas consideremos como novedad que un gobierno se dedique a publicar criterios de construcción de los elementos que se encuentran en las vías públicas. Y eso nos lleva indefectiblemente a una pregunta cuya posible respuesta me intriga: Si hasta ahora no existía una guía de estilo para la construcción y mantenimiento de todo aquello que vemos en nuestras carreteras, si hasta ahora no había un criterio unificado para el emplazamiento de tal o cual elemento, ¿cómo se decidían estas cuestiones que tanto nos afectan?

Más información | Generalitat de Catalunya

Foto | Josep Camós, Generalitat de Catalunya