Las averías más frecuentes en todos los coches

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Los coches son cada vez más fiables, y tienen por otro lado menos mecánica a la que podamos echar mano, por muy expertos que seamos. Cuando un coche actual se estropea o tiene una avería, en un porcentaje muy elevado de las ocasiones tiene que ver con la electrónica, o bien con algún componente que unos cuantos saben cómo reemplazar, pero solo unos pocos tienen la paciencia o la habilidad para hacerlo (como por ejemplo, algunas bombillas de algunos coches… Un, dos, tres, responda otra vez). Las averías más frecuentes en los coches no son, a lo mejor, las que primero se nos ocurren (aunque ya dijimos una),pero lo que más sorprende es que, de entre las que más se producen, muchas son culpa nuestra, de los conductores.

¿Por qué siempre le echamos la culpa al conductor?

La pregunta es buena, pero la respuesta no es muy conciliadora: tenemos la culpa de muchas averías por simple dejadez, falta de información o despistes. Pero todas esas razones son solucionables, porque si tenemos falta de información, nadie nos impide ir a buscarla; la dejadez la podemos evitar pensando que las cosas, todas, han de cuidarse; los despistes, dejando los problemas en casa, las distracciones fáciles fuera del alcance y poniendo los cinco sentidos en la conducción. Hecho esto, cualquiera puede sufrir un accidente, pero que no quede por nosotros el poner todo para evitarlo.

Algunos ejemplos de averías de las más frecuentes, que son culpa nuestra:

  1. La batería se agota y nos quedamos tirados en cualquier sitio. A menos que la batería esté defectuosa y falle ahora mismo, y no nos avise progresivamente, esto es dejadez absoluta. Una batería que se desgasta va avisando, y cada día parece que al coche le cuesta más arrancar. Incluso hay días que parezca tener tos, así que no cuela eso de que la batería falló de repente, a menos que sea defectuosa.
  2. Tenemos las suspensiones dañadas, y esto parece que sucede también de repente, pero no caemos en la cuenta de que los resaltos los tomamos con el ímpetu de Sébastien Loeb, de que los bordillos los tocamos cada vez que aparcamos para tomar las referencias, y de que esas veces que vamos con prisas, dejamos una rueda subida en la acera porque, total, para unos minutos…
  3. El aceite, ese gran olvidado. Por circular con un aceite demasiado usado, es decir, fuera del límite de kilómetros recorridos recomendado, o prácticamente añejo por el tiempo que lleva en el circuito, podemos tener varios problemas,y el más grave es fundir el bloque motor, con la consecuente muerte del coche entero.
  4. Sufrir un reventón en un neumático porque los llevamos prácticamente en las lonas. “Todavía quedaba goma” es el nuevo “no vi el resalto”, una excusa que nadie se va a creer. Estirar la vida útil de los neumáticos más allá de lo recomendado por el fabricante, y más allá de la legalidad, es como hacer trampas al solitario: una tontería.
  5. Creer que practicas conducción eficiente, cuando lo que haces es forzar de manera extraordinaria toda la mecánica del coche. Lo de poner segunda y mover el coche al ralentí te da la sensación de que es la máxima eficiencia de la conducción, pero literalmente te estás cargando el pobre coche. De poner en práctica la conducción eficiente, hazlo bien.

También existen , eso sí, fallos que no podemos achacar (del todo) a nuestra propia dejadez:

  • Fallos eléctricos, pues por su propia definición son fallos en el sistema eléctrico, y lo mismo podemos decir de lo relacionado con la electrónica, centralita, etc. algunos fallos eléctricos como bombillas fundidas de forma recurrente y frecuente, pueden ser de fábrica, o bien porque hayamos cambiado una bombilla, pero montado mal el asunto.
  • Aire acondicionado que apesta, literalmente. Esto puede ser cosa nuestra, o no, pero lo cierto es que los aires acondicionados, se usen o no, pueden oler mal o estropearse. Si los usamos demasiado, está claro; si los usamos demasiado poco, lo mismo. Si los filtros están sucios,… ahí está la respuesta.
  • Problemas en la caja de cambios, ¿estos no son siempre por fallos ajenos a nosotros? Casi siempre, pero si eres de los que la mano derecha la llevas acariciando el pomo del cambio de marchas, que sepas que estás forzando de manera inútil un mecanismo diseñado para moverse “en 2D”, y no para resistir el peso de tu brazo.

Foto | Thomas Leth-Olsen