Por qué ser atropellado en China es lo peor que te puede pasar

 

Cuántas veces hemos visto en programas de televisión vídeos de impacto o en algún otro telediario imágenes provenientes de China en los que un coche atropella a un peatón y en lugar de auxiliarle, lo remata una y otra vez. Seguro que muchos recordaréis ese, que se convirtió en viral en 2011 y que recoge con crudeza como un camionero remató a un niño tras atropellarlo con su camión.

Este tipo de accidentes que se suceden cada día en las carreteras del país asiático recogen una verdad a medias, que a base de repetirse parece convertirse en una máxima y es, que este tipo de salvajes acciones son la consecuencia perversa de la ley en estos países, por la cual resulta más barato, tanto económica como penalmente, acabar con la vida del atropellado que dejarlo con vida.

Una atrocidad por ahorrarse gastos

Este leyenda urbana que sucede en China donde los conductores que han lesionado a peatones, a veces tratan de matarlo, no sólo no es cierta sino bastante común, tal y como refleja un artículo publicado en Slate, el cual retrata con detalle todo lo que ocurre. El motivo no era otro que ahorrarse gastos.

Ante tal barbaridad, nos hacemos la misma pregunta que Geoffrey Sant en el citado reportaje: ¿Qué clase de gastos? Para sorpresa de todos y de quien escribe, en China el dinero a pagar por alguien que ha cometido un atropello con víctima mortal es relativamente bajo en comparación con la cantidad que debe de pagar en el caso de que sobreviva y que requiere hacer frente a los cuidados médicos durante el resto de su vida. Un montante que oscila entre 30.000 y 50.000 dólares (28.394 y 47.323 euros). Ese es el coste de un muerto frente al pago por el cuidado vitalicio de un sobreviviente que puede alcanzar cientos de miles de euros, tal y como ocurrió a un hombre atropellado que recibió la cantidad de 400.000 dólares (387.587 euros) durante los 23 años de su atención.

 

Corrupción en los accidentes

Aunque no todo se ciñe a una cuestión monetaria, ya que si la víctima muere es mucho más sencillo para el culpable salir victorioso de tan complicada situación, incluso ante la presencia de testigos. La corrupción ha calado tan hondo en la sociedad china, que es relativamente sencillo sobornar a la policía para escapar de los cargos de asesinato. Basta observar lo que ocurrió en Sichuan, donde un camión atropelló a un niño que contaba con dos años de edad, que quedó aturdido, incluso llegó a levantarse. En ese preciso instante es cuando fue aplastado por las ruedas del camión al dar marcha atrás. Testigos del suceso señalaron que el niño fue a buscar su paraguas que había sido arrojado por el impacto, cuando el camión dio marcha atrás, esta vez para matarlo. Los policías afirmaron que el conductor no había pasado sobre el niño y que tampoco dio marcha atrás, a pesar de la declaración de los testigos y de que existían grabaciones de vídeo.

 

Una deplorable falta de humanidad

Existen otros casos que desvela la falta de humanidad que llevan a estas “personas” que cometen estos actos atroces para ahorrarse de pagar un mantenimiento vitalicio. Las historias no pueden ser más escalofriantes llevando a escenas dantescas: en una de ellas, una conductora pasó por encima de la cabeza de un niño varias veces antes de bajar y asegurar a la familia del bebé, que si decían que su marido había sido el autor de los hechos, les pagarían.

Aunque no todas esta atrocidades quedan impunes, como la de un hombre de nombre Yao Jiaxin, cuya brutalidad llegó hasta tal punto que atropelló a una ciclista y no contento con ello, regresó al lugar de los hechos para rematarla con un cuchillo. Dicho comportamiento le llevó a ser condenado y ejecutado. Hace dos años, en 2014, un conductor llamado Zhang Qingda, que había golpeado a un anciano con su camioneta en el paso de Jiayu en la provincia de Gansu fue detenido, tras volver al lugar de los hechos para rematarlo, y sentenciado a 15 años de prisión.

 

Las leyes no terminan de calar en la sociedad

En China se han aprobado leyes que tratan de erradicar los casos de exterminio en la vía pública. De hecho, la legislatura china ha enfatizado que los casos de múltiples golpes deben ser tratados como asesinatos. Sin embargo, lo cierto es que incluso cuando el conductor golpea a la víctima varias veces, resulta difícil de probar la intención y la casualidad, al menos para satisfacción de los tribunales de China. Los jueces, la policía e incluso los medios de comunicación parecen dispuestos a aceptar declaraciones inverosímiles de que los conductores golpearon varias veces a las víctimas accidentalmente o incluso que los conductores confundieron a las víctimas con objetos inanimados.

 

Empatía por el agresor no por la víctima

La ley no sólo debe regular la convivencia en la vía pública sino que debe castigar la falta de socorro a las víctimas de accidente. Un derecho que no sólo es conculcado en este país asiático sino que fomenta estos comportamientos nocivos como si hubiera ausencia de normativa. Aún es más terrible el hecho de que tal comportamiento se ha interiorizado por los ciudadanos de este país.

Un blog denominado Seagull Journal & References publicaba el 20 de septiembre de 2010, una entrada al respecto en la que su autor que se hacía llamar Big Brother Chang, apuntaba dónde radicaba esta situación brutal. “El problema es más profundo que la falta de ética del régimen comunista” señalaba. “Muchos conductores sienten empatía con los que corren repetidamente. Incluso muchos medios de comunicación comparten el mismo sentimiento, pero culpan a las leyes de tráfico y a las compañías de seguros”.

La cuestión clave aquí es que “muchas personas y los medios de comunicación renuncian conscientemente a un valor moral básico, pero lo miden todo con dinero. El “coste” en lugar del “valor”, se convierte en el único componente de la arquitectura social. Matar se convierte en aceptable cuando se ahorra el coste”, concluye.

 

Fotos | Nicolás Rupcich, Frank Yu

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