Atascados de nuevo

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Hoy he tenido la oportunidad de ver un episodio de la nueva serie del histórico Doctor Who, ambientado en una futurista ciudad donde el tráfico está tan atascado que si avanzas veinte metros puedes considerar que has tenido un buen día. De hecho, los protagonistas del capítulo esperaban recorrer la decena de kilómetros que los separaba de su destino en apenas quince años.

Además, la contaminación generada por todo el tráfico había permitido la evolución de unos peligrosos monstruos que por poco se tragan a los esforzados automovilistas del futuro.

Es una dura y ácida sátira de situaciones que vivimos todos de forma cotidiana. En atascos, no serán pocos los conductores que tengan la sensación de estar malgastando parte de sus vidas parados sin sentido en medio de un fenomenal caos de asfalto y tortugas a motor. La pregunta más habitual en estas situaciones es ¿por qué?.

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Para esbozar una respuesta, recurriré a lo que los físicos llamamos ecuación de continuidad. Se aplica a muchos fenómenos naturales (electricidad, fluidos, etc.). Es algo mucho más sencillo de lo que indica el nombre, así que no os asustéis, no hace falta nada de mates. Incluso, seguramente muchos de vosotros ya lo conoceréis sin siquiera saber el nombre.

Viene a decir que la cantidad de coches que hay en cierto tramo de carretera en un cierto instante de tiempo es igual a el número de vehículos que ya se encontraban en ese tramo, sumando los que entran, y restando los que salen. Esto es así porque los coches no aparecen de la nada, ni se desintegran repentinamente. De Perogrullo, ¿no?

Parece un razonamiento muy simple. Y lo es, pero también es muy potente. Si en vez de coches hablamos de cargas eléctricas, la ecuación de continuidad nos permite encontrar las leyes fundamentales que rigen las corrientes eléctricas. Si habláramos de moléculas de agua, entonces obtendríamos los principios de la hidráulica. Pero todo eso es otra historia; hoy lo aplicaremos a los atascos.

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La primera conclusión es que un tramo de vía se atascará si la cantidad de coches que acceden a él es mayor a la cantidad de coches que pueden salir. La cantidad de vehículos que pueden salir de un tramo de carretera depende de varios factores, veamos algunos.

El primer factor es la velocidad. Cuanto más rápido van los coches, más pueden pasar en un minuto. Aquí no hablamos de la velocidad máxima de la vía, sino de la velocidad real de cada vehículo. Por ejemplo, es obvio que un vehículo lento provoca cierta retención en su carril; su lentitud reduce el número de coches que pueden salir de ahí, pero por detrás otros coches van más rápido, por lo que los coches que entran en la cosa son más que los que salen.

En segundo lugar, el tamaño de la vía influye, y mucho. Si un determinado tramo tiene dos carriles, podrán pasar el doble de coches que si sólo tuviera uno. Pero un 33% menos que si tuviera tres. De hecho, una reducción repentina del número de carriles es una buena forma de conseguir un atasco. No sólo porque caben menos coches, también suele comportar una reducción de velocidad –algunos conductores tendrán que reducir para permitir que los carriles cortados se mezclen con el resto.

En tercer lugar, las intersecciones también reducen la cantidad de coches que pueden avanzar. Por ejemplo, si tenemos un semáforo en rojo, el número de coches que pueden salir del lugar es cero. Así que todos los vehículos que llegan allí quedarán retenidos. Si la duración de la luz verde no es suficiente para que todos los vehículos que se paran durante la fase roja, entonces en cada ciclo la cola crecerá más y más.

No sólo los semáforos, cualquier tipo de intersección puede complicar el tráfico. Un stop o ceda complicado, donde hay que esperar mucho para poder salir, también provocará colas.

Además, diferentes características de la vía pueden reducir el ritmo de paso de los vehículos. Por ejemplo, tramos con gravilla o con pavimento deslizante que aconsejen ir más lento, controles de policía o peajes.

Por último, lo más obvio de todo: si los coches ya están atascados en el siguiente tramo de la vía, la cantidad de vehículos que pueden avanzar también se ve reducida. Es decir, los atascos se contagian entre tramos y vías. Un ejemplo que conozco de primera mano es una salida de autopista que da acceso a un centro comercial, a través de una rotonda normalmente saturada. La cola de entrada a la glorieta a menudo se extiende por el carril de desaceleración hasta la propia autopista, formando una cola de hasta un par de kilómetros.

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En realidad, a menudo los atascos reales y cotidianos se producen por una suma de todos estos factores. Por ejemplo, hablemos de los típicos atascos de entrada a una gran ciudad como Barcelona (hablo de ella porque es la que conozco, pero seguramente todo será idénticamente aplicable a cualquier otra urbe).

En primer lugar, en ciudad la velocidad está limitada a 50km/h. Es decir, los vehículos que entran por las vías rápidas (limitadas a 80) se encuentran con una reducción de velocidad al salir de las rondas. Además, todas las salidas que conozco son de un carril, lo que representa un estrechamiento significativo. Muchas de estas salidas, para más inri, desembocan en rotondas o semáforos (o incluso rotondas semaforizadas, el no va más).

Todo esto causa que las salidas más populares de las rondas suelan estar atascadas. Por lo tanto, los vehículos quedan atrapados dentro de la ronda, impidiendo el avance del atasco. La retención de la ronda acaba afectando a las vías de acceso.

Así que, al final, el semáforo en rojo delante de una rotonda tras una salida mono-carril de la ronda de Barcelona acaba provocando retenciones en un pueblecito llamado Mongat.

¿Cómo evitar todo esto? Pues hay dos formas, principalmente. Aumentar la velocidad a la que los coches salen del atasco, o reducir la velocidad a la que salen.

La primera opción, incrementar la capacidad de las vías saturada, a menudo resulta impracticable. La convivencia con los peatones en el entramado de calles hace muy difícil pensar que podamos aumentar el límite de velocidad en ciudad o reducir el número de semáforos e intersecciones complicadas. La existencia de barreras arquitectónicas hacen difícil pensar que se pueda aumentar de forma significativa el tamaño de las vías.

Lo de reducir la velocidad en una vía que desemboca a una zona atascada se ha puesto a prueba precisamente en Barcelona, la famosa zona 80 o los limites variables. En su día causó cierta polémica, supongo que por lo mal que se vendieron y por su dudosa aplicación –en especial, porque la variabilidad siempre es a la baja, nunca permiten recuperar los límites genéricos cuando no hay indicios de atasco.

Pero lo cierto es que, teniendo en cuenta estos razonamientos, su principio de funcionamiento es indudable. Y, al parecer, sí que se han reducido los atascos en cierta medida (no puedo decirlo de primera mano, porque la entrada desde mi lado no está regulada así). De todas formas, probablemente harían falta más estudios para conocer su efectividad, ya que he leído varias opiniones que apuntan que la reducción de velocidad debería aplicarse desde más lejos para que la medida sea realmente eficaz.

Sin duda, la solución definitiva es negar la mayor: que no haya tantos coches intentando acceder a la misma zona al mismo tiempo. Aunque, para eso haría falta que el transporte público fuera realmente eficaz, claro. Sin embargo, al menos cada vez que voy a mi facultad en tren sé que hay un coche menos atascado por culpa del semáforo de la rotonda situada tras una salida de un carril de la ronda.

Fotos | Punxutawneyphil, Nils van der Burg, Sergis blog, manufacturas de goma navarro

  • Se te ha olvidado comenter otro factor el cual es muy importante y que es el principal generador de atascos de vias interurbanas.
    Es el llamado efecto muelle, o efecto elastico.
    Si por una via circulan “x” coches, salen “y” coches por ella y entran “y” coches, segun las teorías anteriores no debería aparecer el atasco. El problema viene a que los vehiculos conducidos por seres humos son incapaces de mantener una velocidad constante, puesto que influyen las percepciones visuales, esto hace que algunos conductores aceleren pegandose al coche de delante, al pegarse al coche los conductores por miedo frenan un poco, al frenar el coche anterior se asusta y frena un poco más para continuar con la distancia de seguridad.
    Este hecho va provocando que la fila de coches se vaya juntano y estirando en diversos punto, cuando esta situación se repite continuadamente puede llegar a incluso deternerse la via, sin que hubiera obstaculo o embudo alguno.
    De esto hicieron un estudio en una universidad japonesa. Pusieron a circular en una pista circular un numero de coches, a los pocos segundo ya se producian alteracioens de velocidad y a los pocos minutos ya se producían los primeros atascos.
    Ver video:
    http://www.youtube.com/watch?v=Suugn-p5C1M

  • Mmmm, tengo una duda, supuestamente al incrementar el caudal de salida (pasar de 2 a 3 carriles) se debería reducir el atasco, pero yo no estoy muy de acuerdo con esto, ya que aquí en Madrid viniendo por la A3 la autopista pasa de dos a tres carriles, por lo cual debería de reducirse el atasco generado, lo más curioso es que en este punto es donde se genera el atasco (suele extenderse a unos 3 ó 4 kilómetros) y pasado unos 500 metros de este punto, desaparece por arte de magia el atasco… ¿Como se podría explicar dicha situación con respecto a dicha ecuación?

    Saludos.

  • Yo vi hace poco un ejemplo de buen uso de la velocidad variable. De 80 en un tramo pasó a 60 en el siguiente, y a 40 en el siguiente.

    ¿Causa? Había atasco.

    Al bajar nuestra velocidad a 40 Km/h ANTES de llegar al tramo con atasco, ya íbamos muy lentos cuando encontramos el atasco, evitando frenazos y colisiones por alcance (dar por detrás al que te precede).

    Pasado el atasco, mantuvieron el límite en 40 Km/h. La causa, en éste caso, fue un accidente en el sentido contrario. Como todos desviamos la mirada a ver qué ha pasado, al ir a 40 Km/h se evitan accidentes.

    Pasado ese accidente, el límite se aumentó (de golpe) a 80 Km/h.

  • No respetar las normas también genera atascos. Un ejemplo son las intersecciones. Cuantas veces los conductores se menten en una intersección y el semáforo se les pone en rojo.

    No pueden avanzar porque hay coches delante suyo o porque por los carriles que tienen delante ya se han metido coches.

    Y se quedan en medio, frenando a los que tienen en perpendicular, que pitan frenéticamente reclamando su derecho de paso.

    🙁

  • @superkikin2, eso anda incluido en el “factor velocidad”. Es lo que siempre pasa, no puedo ponerme a enumerar todos los factores que pueden hacer reducir la velocidad de un coche, podríamos pasarnos años.

    @sico, ni idea, la única vez que fui a Madrid fue en avión. Pero seguro que hay algún factor más, una entrada por ejemplo. Lo más seguro es que el atasco fuera peor si no hubiera la ampliación de carriles.

    @Jose Luiz², totalmente de acuerdo.