Arrepentimiento, a tiempo

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El otro día me reencontré con un amigo del instituto. De los que uno nunca quiere perder el contacto, pero al final las obligaciones de la vida lo ponen realmente difícil. Quedamos para pasear, hablar y comer. Y, por supuesto, nos prometimos que, esta vez sí, no dejaremos pasar tanto tiempo antes de repetir.

Una de las cosas de las que más hablamos, como podéis imaginar porque sino no hablaría de ello aquí, fue de coches y seguridad vial. Ambos tenemos en común que nos sacamos el carnet bastante mayorcitos: yo sólo hace año y medio que lo tengo, él hará unos tres.

Sin embargo, parece que nuestra suerte en torno a la seguridad no fue la misma acabados de salir de la autoescuela. Yo aún tengo mis ocho puntos intáctos. A él, me aseguró, sólo le queda uno.

«No me extraña, ya me habían hecho ver que no conducías muy bien…», le dije. Me refería a una ocasión, antes de que yo hubiera siquiera empezado a ir a la autoescuela, en que yo y otra persona tuvimos la oportunidad de ser sus asustados pasajeros.

Resulta que en una sola maniobra perdió seis puntos. Un día, iba con prisa y se encontró una especie de furgoneta que estaba parada delante de un semáforo en verde. Debió pensar «¿qué hace que no tira?». Ni corto ni perezoso, sin pararse se cambió al carril reservado para la circulación en sentido contrario, pisando una continua, y rebasó el molesto obstáculo.

Seguramente fruto de algún tipo de conspiración universal o masónica, resulta que esa especie de furgoneta grande no era otra cosa que la grúa municipal.

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Me comentaba que a raíz del curso de concienciación, su talante había cambiado. Allí vio la actitud de sus compañeros convictos de violencia vial; los que asumían que se habían equivocado y se la habían ganado, los que vivían en el autoengaño de las conspiraciones, los que asistían al cursos abrazados a una botella, los que controlan y por tanto merecen leyes a parte…

Entendió, por fin, que si no se moderaba podría dejar a su hija huérfana… o a los hijos de cualquier conductor o viandante. Que lo que lleva entre manos no es moco de pavo, es una máquina con muchísima potencia que puede matar en un abrir y cerrar de ojos.

Viendo la oportunidad de añadir un argumento inteligente a la discusión, por supuesto robado de alguno de mis compañeros en este célebre blog (aunque no lo expresó de forma tan torpe), señalé que uno de los grandes problemas entorno la seguridad vial es que nos cuesta aceptar que el desplazamiento es una actividad que requiere tiempo.

No podemos robar ningún segundo a la conducción. Las maniobras arriesgadas difícilmente permiten ganar más que unos segundos, que resultan inútiles en el siguiente semáforo. Paradójicamente, si salen mal, perderemos mucho más tiempo (y eso será lo mínimo que podemos perder). Tampoco podemos intentar aprovechar el tiempo adelantando trabajo, por ejemplo llamando por teléfono.

Porque el tiempo que tardamos en llegar a un sitio no es un tiempo perdido que hay que procurar minimizar, o al menos aprovechar. Es un tiempo invertido. Invertido en nuestra seguridad.

Mi amigo se dio cuenta que mil veces hizo el cafre antes de que los masones colocaran aquella grúa en aquél semáforo en verde. Y en esas mil veces, en todas puso su vida y la de otros en riesgo. Se dio cuenta que podría haber matado a su mujer, o a su hija… O a la hija de otro.

En cierto sentido, creo que mi amigo tuvo suerte. Jugó a la ruleta rusa. El percutor dio varias veces al aire. Y la última, dio en una bala de fogueo en forma de grúa. Pero, podría haberle tocado antes una bala de verdad. Y en los accidentes, como con las balas, a menudo uno es suficiente.

Más vale que tu cambio de actitud sea sincero y duradero, amigo mío, porque pronto quedaremos de nuevo. Esta vez sí.

Fotos | Dave Keeshan, Daquella manera

  • “yo y otra persona”… hay un dicho muy chulo sobre un burro y el orden de entrada que podrías leer 😉

    La verdad es que ves a cafres haciendo adelantamientos extremos, siendo pitados, sin intermitentes, pegados al culo y total para qué, siempre que he hecho la prueba con algún amigo que lleva ese tipo de conducción “no maricona” llegamos prácticamente a la vez pero yo con más gasolina 🙂

    Enhorabuena por el blog, creo que es uno de los que más atentamente leo.

    Un saludo

  • “yo y otra persona”… hay un dicho muy chulo sobre un burro y el orden de entrada que podrías leer 😉

    La verdad es que ves a cafres haciendo adelantamientos extremos, siendo pitados, sin intermitentes, pegados al culo y total para qué, siempre que he hecho la prueba con algún amigo que lleva ese tipo de conducción “no maricona” llegamos prácticamente a la vez pero yo con más gasolina 🙂

    Enhorabuena por el blog, creo que es uno de los que más atentamente leo.

    Un saludo

  • Precisamente por ese dicho lo pongo así, Keko. No querría que nunca nadie borrica a esa persona.