Aprender a circular… o a examinarse

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Éste es un dilema al que, conscientemente o no, todos nos encontramos al pasar por la autoescuela. De hecho, seguramente llegará a condicionar la elección del centro; confiaremos nuestra suerte a un profesor con ganas de enseñarnos, o bien caeremos en la tentación de una oferta que promete rapidez.

Si estáis leyendo un blog de Seguridad vial, seguramente es porque ya estáis mínimamente concienciados del tema, y por lo tanto supongo que la respuesta de la mayoría sería «aprender a circular, no a hacer el examen». Y yo estoy de acuerdo, claro. Os invito a compartir mis reflexiones sobre este tema. Y, por supuesto, a decir la vuestra.

No obstante, como esta tarde argumentaba en otro sitio, el hecho de que exista un examen, significa que por desgracia también debe haber cierta componente de lo segundo. Dado que no se ha inventado un método que permita certificar conocimientos y aptitudes mediante una sonda cerebral, el examinador puede basarse únicamente en lo que ve.

Y si sólo se puede basar en lo que ve, pasado por el filtro de su experiencia como profesional que se dedica a ello, significa que para el alumno es importante no sólo saber, sino también saber demostrar que sabe.

El proceso de aprendizaje tiene varias fases. El profesor Camós nos lo podrá explicar mucho mejor algún día, que él es el pro. Pero básicamente tenemos tres fases: primero aprendemos a controlar el vehículo, después a circular, y por último a hacer el examen.

Por supuesto, las fases se solapan. Mientras estamos aprendiendo a desenvolvernos en tráfico abierto, también estamos perfeccionando la técnica de pedales. Y mientras repasamos posibles circuitos por la zona de examen, de paso afianzamos los conceptos de circulación.

Situación típica en las prácticas

Está claro que para tener un conductor seguro, las importantes son las dos primeras fases. En la tercera, aprenderemos cosas que únicamente (si hay suerte) nos servirán un sólo día en la vida.

Por ejemplo, girar todo el cuello para que el examinador no dude que hemos mirado el espejo, colocar el asiento y retrovisores al sentarnos al volante, etc. En el mundo real, bastará con mirar, aunque sea por el rabillo (si eso nos permite ver lo suficiente), y con asegurarnos que nadie nos ha movido los retrovisores. Detalles, entre otros, que no volveremos a necesitar pero que pueden ayudar a aprobar (o, al menos, a no suspender inmerecidamente).

La parte más importante de la «tercera fase» será familiarizarse con la zona de examen. Como en mi caso, puede que sea en una ciudad distinta que el protoconductor no conozca de nada. O, si tiene suerte, puede que la conozca de toda la vida, pero deba acostumbrarse a circular por ella (que no es lo mismo que ir caminando, está claro).

Por supuesto, tras el examen debemos estar listos para circular sin problemas por los puntos complicados de cualquier ciudad o carretera. Pero puestos a practicar, si se dedican varias prácticas a los puntos complicados de la zona de examen, además de aprender a valernos por nosotros mismos en general, ya conoceremos ese punto por si nos toca en el examen. Porque, como dije antes, las diversas fases se pueden solapar.

Y esto es importante porque gran parte de los «falsos suspensos», es decir, gente que recibe el no apto pese a estar realmente preparada, se deben a los nervios. Es un defecto de fábrica, sabemos que nos observa un desconocido, sabemos que de su opinión puede depender que nos tengamos que gastar más pasta en renovaciones de expediente y derechos de examen… y nos ponemos nerviosos.

Los nervios aumentan cuando sentimos que nos falta control sobre la situación. Es decir, si conocemos la zona de examen, si gracias a haber practicado el día D es una práctica más, puede ayudar a estar calmados.

Por desgracia, en muchos casos hay factores externos que limitan la cantidad de prácticas que el alumno puede hacer. Básicamente, el dinero, sobre todo en esta época. Eso quiere decir que hay que buscar equilibrio entre las tres fases que comentábamos antes. Y, sobre todo, ir solapando las fases del aprendizaje para aprovechar el tiempo.

Después de toda esta disquisición teórica, siento cierta curiosidad por saber cómo los profesionales de la educación vial lo implementan en la realidad. Cómo deciden cuando es tiempo de llevar al alumno a un sitio algo más complicado que el anterior, para que empiece a circular mientras sigue afianzando el control del vehículo.

Porque, igual que su obligación es asegurarse que el conductor sale totalmente preparado, también tiene la responsabilidad con su cliente de no alargar (y encarecer) innecesariamente el proceso. Con suerte, el profesor nos explicará algún día el método Camós.

Y sí, estoy totalmente convencido de que la mayor parte de profesionales son perfectamente honestos. Por integridad, principios, porque su mejor publicidad es el boca a boca,… y la mayoría, con listas de espera, tampoco necesitan exprimir a los alumnos.

En Circula seguro | Cómo sacarse el carnet (y 5): examen práctico
Fotos | Yagüe, Paround (bajo GNU)

9 comentarios

cachitas

Pienso que en la autoescuela, más que enseñarte a circular, te dan una base de como se debe circular, ya que con la experiencia y una buena ACTITUD se consigue ser un buen conductor.
Y se ofrece eso por razones económicas, y como me dijo mi profesor un día que le pregunte “por qué no enseñaban en circuito cerrado a como reaccionar en caso de aguaplaning o en una frenada de emergencia, etc” él me respondió, por que saldría mucho más caro el carné y eso no le interesa al cliente, ya que si lo quisiera, hay cursos de conducción.

Asi que habrá que resignarse y seguir como hasta ahora.

Un saludo y otra hamburguesa más jejejeje

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Jaume

Cachintas, a lo mejor es una diferencia semántica sin importancia, pero ¿qué diferencia hay entre «dar una base» y «enseñar»? Yo diría que viene a ser lo mismo.

Por otra parte, es esencial tener una buena actitud y aprender día a día, en eso te doy toda la razón del mundo, y parte del extranjero.

Sobre los cursos en situaciones de emergencia, yo comparto la opinión que, me parece, ya ha expresado Josep alguna vez. Bastante complicado ven la conducción normal los protoconductores, como para liarles la cabeza con maniobras avanzadas. Eso es algo para cuando ya tengan cierta experiencia real. Además, es más útil enseñar a evitar un aquaplaning que a controlarlo.

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cachitas

Te voy a poner un ejemplo de lo que para mi es dar una base y lo que es enseñar.
Dar una base es cuando unos padres enseñan a su hijo a hablar, ya que te dan unos conceptos básicos con los que poder relacionarte con tus semejantes. Sin embargo durante toda su vida de estudiante (min la ESO), le enseñan a escribir y a hablar de forma correcta, aprende las normas de ortografía, a narrar en prosa y en verso, etc.

Todo hay que decirlo, sin la base de los padres este chaval no tendría nada que hacer en la sociedad. Y con esto es a lo que me refiero, en la autoescuela te enseñan una base, pero luego la persona es la que se tiene que volver autodidacta a base de experiencia, y aprediendo mediante experiencias de acierto-error.

Un saludo

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Jaume

«un ejemplo de lo que para mi es dar una base y lo que es enseñar.
Dar una base es cuando unos padres enseñan…»

Si lo que quieres es diferenciar los conceptos, usar uno para explicar el otro es un mal principio :p

Bueno, a parte de bromas, si según tú dar una base viene a ser enseñar bien, entonces estoy completamente de acuerdo, las autoescuelas deben hacerlo bien.

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Josep Camós

Está claro que desde las escuelas no podemos enseñarlo absolutamente todo… en primer lugar porque yo como conductor tampoco lo sé todo, en segundo lugar por la metáfora (que tanto me gusta) de la maceta encharcada por haberla regado con un depósito de agua de mil litros cuando lo que le va bien a la pobre planta es un simple gota a gota, y finalmente por una cuestión económica y de tiempo.

Con todo…

Ay de aquel que salga con la L verde en la chepa sin comprender que lo que lleva entre manos es un armatoste de más de 1.000 kilos con el que va a tener que moverse entre la fauna y flora que nos rodea. Quien crea que el peor día es el del examen es que no ha entendido nada de nada.

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Jaume

Josep, me has recordado nuestra amiga Sara. Qué será de ella :D

Es cierto que el examen puede no ser el peor día (que si lo es, tanto mejor, ¿no?), pero sí que es cierto que es un día con características únicas.

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Josep Camós

No lo tengo yo tan claro, Jaume. El día del examen estresa, claro que sí, pero no más que un día de trabajo intenso y la presión de saber que cuando llegues a casa tienes que ponerte a hacer cuentas para ver cómo llegas a fin de mes.

¿Qué quiero decir con esto? Que no me sirve la excusa de los nervios o la presión, ya que en esas condiciones (por desgracia) vamos a tener que conducir más de mil veces. De lo que se trata es de demostrar que uno es capaz de dejar los nervios al margen cuando está al volante, y por eso no me parece mal el sistema actual de evaluación, con una persona desconocida ahí detrás que te dice lo que tienes que ir haciendo.

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Jaume

Mejor me lo pones, ¿cuántas veces el alumno medio de autoescuela, de 18 añitos, ha tenido un día duro de trabajo? ¿O ha tenido que hacer cuentas para salir adelante?

Por ese motivo, yo considero que tenía una ventaja notoria sobre mis compañeros en la autoescuela, que ya era un poco mayorcito. Para presión, el día que tuve que hacer un seminario, en inglés, delante de una aula llena de profesores senior (que saben mil veces más del tema). Al lado de eso, pisar pedales y girar una ruedita delante de un sólo desconocido no es nada.

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Josep Camós

Es que a ciertas edades sucede lo que dicen que pasa en la casa de Gran Germano, que “todo se magnifica”. Y así te encuentras lo que te encuentras en la zona de exámenes en la mañana del día D: montones de hormonas desatadas y chavalines a un paso de la locura. Lo que está más que comprobado es que el que monta el mayor circo alrededor de la figura del examen es quien acaba teniendo una mayor propensión a suspender (de forma estrepitosa, además). Y es que cuando se lleva un volante entre manos, no está de más saber gestionar un poquitín nuestras emociones, ponerlas a nuestro servicio y no ponernos nosotros al servicio de ellas. :-)

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