Anatomía del atasco (y 3)

Atasco nocturno

En la primera entrega de esta miniserie estuvimos discurriendo sobre que los atascos se producen en el momento en que intentan acceder a un tramo determinado más vehículos de los que realmente pueden pasar por él. Por ese motivo, en la segunda entrega nos dedicamos a intentar estimar la cantidad de vehículos que pueden atravesar un tramo concreto.

Nuestro argumento se basaba en considerar que el espacio ocupado por cada vehículo es esencialmente la distancia de seguridad, proporcional a la velocidad. Esto será así cuando la vía esté justo en el límite de su capacidad. Si la afluencia de vehículos es menor, entonces la distancia entre algunos vehículos será mayor, claro: no todas las posiciones de la parrilla estarán ocupadas.

En estas condiciones límite, dedujimos que la capacidad total de la vía es aproximadamente la misma, independientemente de si el trafico es rápido o lento. También vimos que esta aproximación es válida para velocidades relativamente altas.

Depende de la precisión que uno exija, claro, pero a partir de 30-40km/h podemos considerarlo. A velocidades más bajas, la aproximación baja porque debemos tener en cuenta el volumen de los vehículos en sí, que a ritmo lento ya no se puede despreciar al lado de la distancia de seguridad. Por lo tanto, a velocidades muy bajas, podemos decir orientativamente por debajo de 20km/h, la capacidad de la vía decae fuertemente (y debe ser así, porque si la velocidad es cero obviamente no pasa ningún vehículo).

Que la capacidad de la carretera sea aproximadamente constante se puede entender de una forma muy simple. Cuando los vehículos avanzan lentamente, la distancia de seguridad es menor, pueden acercarse más, por lo que el tráfico es denso. Por lo tanto, aunque vayan más despacio, al estar más juntos acaban pasando los mismos vehículos en total.

Pero, como apuntábamos el otro día, a nosotros, como conductores individuales, no nos importa mucho el número de vehículos que pueden pasar en total. Nos importa, sobre todo, nuestra velocidad. Dicho de otra forma, aunque al final pasen más o menos los mismos vehículos a máxima o mínima velocidad, nosotros diremos que hay «caravana» si la densidad del tráfico no nos permite ir a la velocidad normal para esa vía.

Demos la vuelta al razonamiento. Tenemos que si la densidad de vehículos es alta, es decir si los vehículos están muy cerca los unos de los otros, no podrán moverse a gran velocidad porque sería muy peligroso. En efecto, si nos aproximamos al vehículo precedente, automáticamente frenamos, principalmente para no comernoslo. Sobretodo porque, si nos acercamos, es porque va más lento.

Por desgracia, el mundo no es ideal. Y los conductores, menos todavía. Siempre habrá el conductor que, por impaciencia o por descuido, le dé un poquito de nada más de la cuenta al acelerador. Y, por lo tanto, se acercará a su predecesor, hasta que se vea obligado a frenar para recuperar la distancia de seguridad.

A su vez, el vehículo de atrás, que iba manteniendo la distancia, también se verá obligado a frenar. Y el de más atrás… y así sucesivamente. A causa de esto, ahora tenemos una serie de vehículos más juntos y que se mueven más despacio. Como ningún vehículo puede ir más rápido que el predecesor, costará bastante rato que toda la fila recupere la velocidad. Podéis verlo claramente en el vídeo anterior (que, por cierto, a los más antiguos del lugar os sonará, Morrillu nos lo enseñó hace tiempo).

Y, si la carrera está muy saturada, en este tiempo lo más probable es que otro conductor vuelva a acercarse demasiado y tenga que frenar. De data forma, se irá acumulando la pérdida de velocidad, hasta que se acaba formando el típico atasco de todos los días en las grandes ciudades.

Si esto ocurre en un momento donde en la carretera no está al límite de su capacidad, entre algún par de coches habrá mayor distancia que la mínima, ayudando a absorber el proto-atasco. Pero si la carretera está hasta la bandera, el efecto cadena se acumulará cada vez más. Es lo que solemos llamar efecto acordeón.

Al final, si la afluencia de vehículos es lo suficientemente acusada, llegará un momento en que la velocidad media bajará mucho. Y, recordad, la capacidad de la vía a muy bajas velocidades deja de ser constante, cae en picado. Si antes se estaba circulando al límite de la capacidad, si ahora esta disminuye… en definitiva, lo que dijimos al principio: intentarán pasar más vehículos que los que realmente pueden pasar en estas condiciones de baja velocidad, por lo que no tendrán más remedio que acumularse.

Dicho de otra forma, ¡se lía una buena!

Foto | epSos.de
Vídeo | Emulenews
En Circula seguro | Anatomía del atasco (1) y (2)

  • rofranco

    Muy interesante esta parte.

    Sería interesante también que alguno de los capítulos recuerde a todos que el reglamento impide cambiar de carril en los atascos… porque ese comportamiento solamente contribuye a atascar más el tráfico!