Alevosía, o ¿quién tiene las de perder en un alcance?

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El otro día tuve el infortunio de presenciar las consecuencias de una colisión por alcance que, al parecer, acababa de ocurrir. Por suerte parecía que eran únicamente daños materiales, estábamos en plena zona 80 y la velocidad debía ser moderada.

Al ver el panorama, comenté a mi acompañante la rabia que da ver ese tipo de colisiones, ya que siempre son evitables. ¿Que el otro da un frenazo? Si llevo una buena distancia de seguridad, tanto va a dar. Podré detenerme a tiempo.

El copiloto, acostumbrado a conversar de seguridad vial, asintió y añadió que, además, el que no tiene la culpa se suele llevar la peor parte. ¿Es eso siempre así? Veamos que dice la Física.

En primer lugar, hay que tener en cuenta el principio de acción y reacción, también llamado tercera ley de Newton. Dice así: siempre que un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro (acción), el segundo responde con una fuerza de la misma magnitud (y dirección), pero con sentido opuesto, que se aplica sobre el primer cuerpo (reacción). Es decir, siempre que queremos actuar sobre algo, no sale gratis, nos la devuelve.

Aplicando este principio a las colisiones por alcance, significa cada vehículo durante la colisión sufre la misma fuerza. Así, pues, parece que los daños netos en ambos vehículos son los mismos.

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Pero no todo acaba aquí. Aunque la fuerza sea la misma en ambos vehículos, puede tener efectos diferentes sobre la integridad de los ocupantes. Por ejemplo, el coche que da por detrás al otro sufre una gran fuerza hacia atrás. Dicha fuerza provoca que desacelere bruscamente. Por suerte, en los vehículos modernos hay muchos elementos de seguridad pasiva que minimizan la consecuencia de las desaceleraciones: cinturón de seguridad, airbag, columna de dirección retráctil, etc.

Por otra parte, el coche delantero sufre una gran fuerza hacia adelante, que lo catapulta a mayor velocidad de la que llevaba. Por inercia, el cuerpo de los pasajeros intentará seguir a la misma velocidad a la que iba, siendo arrollado por el vehículo. El mayor peligro es que alguna parte del cuerpo no sea acompañada hacia adelante con la misma aceleración, y por lo tanto se quede atrás. En el peor caso, si carecemos de reposacabezas, o está mal ajustado, la cabeza se retrasará, provocando un gesto muy negativo para el cuello. Puede causar el conocido latigazo cervical, o incluso la muerte instantánea por desnucamiento (rotura del bulbo raquídeo).

Pero aún es peor: ambos vehículos tienen muchos números para perder el control después de la colisión. Como el coche de delante sale proyectado a una velocidad mayor de la que tenía, la probabilidad de que acabe saliendo de la vía o involucrando a más vehículos en la colisión es muy grande.

Mientras tanto, el de atrás se ve enormemente frenado (ha pasado parte de su energía al de delante). Por lo tanto, el riesgo que tiene de chocar con otros elementos es menor. De hecho, el mayor riesgo viene por detrás, si otros conductores también se han pasado por ahí olvidado de la distancia de seguridad.

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Hay un último elemento a tener en cuenta: la masa de los vehículos. Fuerzas iguales pueden tener efectos muy diferentes sobre dos masas muy diferentes, como sabemos todos los que hemos arrastrado muebles. Si uno de los vehículos tiene una masa mucho mayor, apenas si notará una sacudida durante la colisión.

Un ejemplo muy gráfico: atropellar un insecto. Estamos en pleno derecho de decir que es una colisión. No obstante, no notamos ninguna desaceleración. La diferencia de masas es abrumadora, la mayoría de coches rondan la tonelada, mientras que un insecto difícilmente pasará de diez gramos, cien mil veces menor.

La diferencia de peso entre un gran camión y un turismo común no es tan exagerada, por supuesto. Pero probablemente, a baja velocidad, el transportista podría confundir un golpe con un simple bache.

Con todo lo dicho, vemos que en efecto mi acompañante tenía razón, excepto si el vehículo de delante es un peso pesado. Aunque en la colisión en si intervengan las mismas fuerzas en ambos cuerpos, el vehículo alcanzado recibe las fuerzas en una dirección en la que es mucho más vulnerable, y además tiene un mayor riesgo de salir proyectado hacia otros peligros.

En definitiva, aquellos a los que les gusta ir oliendo el culo a escasos centímetros del vehículo predecesor, lo hacen a sabiendas de que tienen las de ganar. Si fuera abogado a eso le llamaría alevosía. Pero como soy Físico, y además conductor, les llamo asesinos en potencia.

Fotos | Mr Wabu, gillicious, Matti Mattila

  • creo que el accidente por alcance debe evitarse guardando la distancia de seguridad, a mayor velocidad mayor distancia.

    saludos.