Carretera, velocidad y diversión: una visión distorsionada de la conducción

En las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo, nadie imagina la vida cotidiana sin los vehículos automóviles, claramente un invento que ha cambiado la historia. Nuestro modo de vida tiene ya una fuerte dependencia del automóvil, tanto en lo laboral como en lo social. En caso de vivir en una ciudad de cierto tamaño donde la red de transporte público suele ser suficiente para casi todas las actividades, muchos ciudadanos siguen prefiriendo usar su coche particular mientras les sea posible a pesar de los inconvenientes. Definitivamente, nuestra sociedad y modo de vida serían otros completamente distintos sin estos complejas máquinas.


Y son ya varias generaciones las que hemos disfrutado en España del automóvil, desde que nuestros abuelos y bisabuelos, allá por los años 60 consiguieran su primer coche. El coche y la moto han pasado en tres generaciones de ser una propiedad de lujo, a una máquina de uso personal cotidiano muy arraigado en nuestra cultura y modo de vida, siendo además una máquina que proporciona disfrute, libertad y contribuye al desarrollo de las personas.

 

Un modo de vida para el trabajo y el tiempo libre

Muchos de nosotros incluso practicamos en nuestro tiempo libre alguna de las muchas variantes de aficiones relacionadas con el motor y automóvil: mecánica, tunning, quedadas moteras, restauración de clásicos, todoterreno, motocross, motos custom. En general aficiones en las que el disfrute se basa en la reparación, mejoras mecánicas, cambios estéticas, conducción, etc.

Hasta aquí se ha nombrado aficiones más o menos pacíficas y que no suelen molestar ni implican peligros ni mal uso de las vías públicas y que incluso pueden catalogarse como manifestación cultural.

Pero como las personas tenemos una capacidad innata para idear malos usos de cualquier artefacto que caiga en nuestras manos, con el automóvil no podría ser menos, y es que  hay una afición relacionada con el motor que es el conducir a alta velocidad por diversión en la vía pública. No nos referimos a algo como organizar una carrera ilegal un sábado noche en un polígono industrial sino al hábito de la conducción deportiva o rápida que muestra una proporción notable de conductores, circulando muy por encima de los límites legales de velocidad, y que no lo hacen porque tengan una urgencia sino por puro disfrute.

Un vicio tolerado por la sociedad y ¿promovido por los fabricantes?

Esta actitud al volante más arriesgada suele esconderse tras el eufemismo “conducción deportiva”, término gracias al cual motoristas y conductores de coches obtienen cierta licencia social para poder conducir acercándose más a los límites de estabilidad de sus coches y motos por simple diversión y, por supuesto, infringiendo normas y disminuyendo márgenes de seguridad al circular despreocupadamente por tramos como esquinas de calles, curvas, cambios de rasante, rotondas, zonas residenciales, etc. Son conductores cuya percepción del peligro ha cambiado con la costumbre de la velocidad. En algunos círculos sociales incluso se expresa admiración por el amigo que muestra más habilidad conduciendo a alta velocidad.

El carácter deportivo de muchos modelos, variantes y opciones de equipamiento de coches y motos, realmente esconden una componente de peligrosidad potencial que no interesa hacer explícita para no perjudicar las ventas del sector. Llantas, suspensiones, volantes y asientos deportivos, versiones con motores súper potentes: pocos modelos del mercado dejan de ofrecer versiones deportivas y no interesa frenar esa faceta divertida porque podría bajar la facturación de los fabricantes.

Merece una reflexión esa doble cara del sector del automóvil, que por un lado vende seguridad y por otra utiliza como argumento de ventas la potencia y el espíritu deportivo, y fomenta la diversión en la carretera, invitando a sus clientes a sacar partido a mecánicas muy potentes en las vías públicas.

Y los medios especializados acompañan. Son innumerables los reportajes de pruebas de coches en los que los periodistas transmiten sus impresiones sobre el comportamiento en conducción deportiva, como apartado habitual en sus artículos, expresando como conclusión si se observan comportamientos más o menos divertidos incluso tratándose modelos de carácter familiar.

“¿Te gusta conducir?” decía el conocido eslogan de una marca de coches con carácter deportivo, que puede interpretarse fácilmente como “si te quieres divertir, necesitas un coche rápido y ágil como este”.

La velocidad aumenta el riesgo y los daños

Las estadísticas publicadas por la DGT dicen que aproximadamente el 40 % de los accidentes mortales están relacionados con una infracción de exceso de velocidad. Hay corrientes de opinión que ponen en duda la validez de esas interpretaciones de las estadísticas y las califican de interesadas y alarmistas, pero lo que no se puede negar que la posibilidad de reacción ante un accidente inminente disminuye con la velocidad y que el daño provocado crece exponencialmente con la velocidad hasta el punto de que sobrevivir a un impacto a más de 60 km/h es improbable.

Ver vehículos que circulan a velocidades muy superiores a los límites legales en todo tipo de carreteras es demasiado habitual en calles de pueblos, ciudades, carreteras nacionales, comarcales, carreteras de montaña, etc. Está claro que es más divertido conducir rápido que despacio, pero las vías públicas están financiadas y construidas exclusivamente para el transporte seguro de personas y mercancías, y nunca para el disfrute en conducción rápida. Existen sociedades ejemplares en este sentido, como la estadounidense, en la que el respeto a los límites de velocidad es asombrosamente alto a los ojos de un forastero mediterráneo, y sin embargo no son precisamente un pueblo sospechoso de aburrirse conduciendo.

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