¿A 130 km/h legales por las autopistas?

Velocímetro

De momento (de momento) se ha desestimado la reciente propuesta de la Generalitat de Catalunya de elevar a 130 km/h el límite de velocidad en las autopistas catalanas. Tanto la DGT como la Asociación de Víctimas DIA y el RACC se echaron las manos a la cabeza y la moción no prosperó pese a contar con el respaldo de otro club de automovilistas, el RACE. Hay por lo tanto debate en torno a la velocidad, y no sólo entre los ciudadanos como iniciativas como el movimiento 140, sino también en las alturas.

Últimamente están que se despeinan en los despachos gubernamentales con las reformas de las contrarreformas de las modificaciones de los cambios de la normativa que regula el tráfico. En realidad no me parece mal, porque a fin de cuentas las leyes deben adaptarse a la cambiante realidad que nos rodea, pero parece que les haya dado a todos un apretón y que tengan que venir todas las reformas a la vez, como si después de años de práctico inmovilismo ahora estuviera próximo el fin del mundo o algo. En ese contexto, el aumento de la velocidad en las autopistas es un factor más que viene a dejar perdido al conductor de a pie, ese que oye campanas en la tele y no sabe muy bien por dónde suenan.

Porque esa es la percepción general que a menudo hay en la calle. “He oído que ahora se podrá ir a 130 por las autopistas”, me dijo el otro día un alumno en el coche. Y tú intenta explicarle que las cosas no funcionan así, que los medios de masas se hacen eco de aquello que va a llamar la atención de la gente aunque ni siquiera se haya iniciado un mero trámite parlamentario y que antes de llevar a cabo una reforma hay que hablar mucho y muy detenidamente. Explícaselo, que él te dirá que ha oído en la tele que ahora se podrá ir a 130 por las autopistas. Pues vale, GoTo 10, chaval.

Esa es la razón por la que, al menos a mí, me cuesta tanto hablar de conjeturas y de polémicas de salón de esas que se lanzan a los medios como carnaza para tomar el pulso (“copsar”, decimos en catalán) de lo que piensa la gente. Globos sonda, se llaman esta suerte de noticias.

Globo

En cualquier caso, para este debate sirven los mismos argumentos de siempre, a saber:

  • los vehículos han evolucionado mucho en los últimos años,
  • la siniestralidad en autopista es muy inferior a la registrada en carreteras convencionales,
  • mantenemos unos límites de velocidad heredados de la crisis del petróleo de 1973,
  • en varios países de nuestro entorno circulan normalmente a más de 120;

versus:

  • al aumentar la velocidad aumenta la distancia que recorre el vehículo mientras reaccionamos,
  • al aumentar esa distancia, debemos dejar una distancia de seguridad mucho mayor,
  • en caso de colisión, los daños se elevan no de forma proporcional sino cuadrática,
  • el beneficio neto de ir a 130 en vez de a 120 raramente es superior al riesgo asumido.

Vale. Y ahora cogemos todos esos argumentos… y nos los metemos donde nos quepan (verbigracia el bolsillo del pantalón) al comprobar a qué velocidad se circula realmente (o eso afirman desde el Ministerio del Interior) por las vías de nuestro país:

Velocidades medias en las diferentes vías españolas

Pero como las estadísticas las carga el diablo, vale la pena apuntar que los conductores que se saltan los límites a la torera suponen un 52% en autovías y carreteras “de 90”, mientras que un 53% los rebasa en carreteras “de 100” (de las de dos carriles en alguno de los dos sentidos o un arcén de 1,50m o más). En el caso de las autopistas, ancha es Castilla, los límites quedan superados por un 57% de los conductores.

Mirándolo de forma global, resulta que adaptamos nuestra velocidad a nuestras percepciones, y no haciendo caso de lo que digan las señales ni mucho menos de lo que hay escrito como normas generales sobre límites genéricos de velocidad, que ese es un tema que se le escapa a muchos más allá del examen de conocimientos teóricos con el que algún día se sacaron el carnet de conducir.

Alguno me dirá que guiarse por lo que uno ve es lo correcto, ya que las señales pueden estar mal colocadas, obsoletas, situadas sólo con afán recaudatorio y otros grandes éxitos. Bien, pero con un matiz. Conducir sobre percepciones no es lo mismo que conducir sobre raciocinio. Quien conduce fiándose de lo que ve se está olvidando de que la seguridad vial consiste en prever lo imprevisto y tener preparada una respuesta para cada situación.

En consecuencia, si yo sé lo que tarda mi vehículo en recorrer cierta distancia a cierta velocidad y preveo que en cualquier momento [aquí, su imprevisto favorito, como por ejemplo “se me puede cruzar un rebaño de ñus desbocados”], circularé a la velocidad que yo estime conveniente. Y a eso, curiosamente, se le llama adecuación de la velocidad a las circunstancias y es perfectamente válido, además de legal, ya que los límites legales amparan ese supuesto y no simplemente que “las carreteras son mejores que antes” y que “los coches de ahora son muy buenos”.

Finalmente, podemos echarle un vistazo a nuestro entorno, ese al que apelamos cuando se trata de debatir sobre los límites de velocidad. Siempre según datos del Ministerio del Interior, estas son las velocidades medias en algunos países de la Unión:

Velocidades medias en vías europeas

Que cada cual saque sus conclusiones a partir de este gráfico si quiere. Yo me quedo con la idea de que hay muchos países en los que los conductores no circulan al límite, y hay países en los que los conductores pasan olímpicamente de lo que se legisle, por lo que aumentarles la anchura de la manga podría suponerles un nuevo paso en la espiral del yocontrolismo™. Y todo esto, suponiendo que los datos de velocidades medias hayan sido extraídos a partir del uso de radares que no hayan sido percibidos previamente por los conductores, claro. Si no, todo cambia.

Foto | Global Jet, Francisco Solsona

Gráficos | Josep Camós

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