Cinco años del examen de conducir

Celebración de los cinco años

Hoy hace exactamente cinco años que aprobé el examen de conducir. Cinco años. Se dice pronto. 1826 días. Y si las cuentas no me fallan, debo rondar los 98 mil kilómetros. Si un día asfaltaran el ecuador, casi como para dar la vuelta a la Tierra dos veces y media. Una cifra que, como siempre digo, no es mucho. Pero tampoco es poco.

Y, supongo que será por el efecto de “recuerdo perfectamente qué hacía cuando las torres gemelas”, la verdad es que creo que podría relatar cómo fue el examen con el mismo nivel de detalle que lo hice en el artículo donde celebraba el primer aniversario de mi examen de conducir.

También recuerdo perfectamente como me desperté aquél día. Creo que el despertador sonó a las seis y media. Apolo aún no había alzado al sol en su carro, y recién los operarios estaban instalando las calles. En vez de dar perezosas vueltas bajo las sabanas como de costumbre, aquél día salté directo a la ducha. Debió ser el lunes donde me fue más fácil despertarme en años. Probablemente, desde la época de exámenes en la universidad.

Había quedado a las siete de la mañana con el profesor en una rotonda de la calle principal de mi pueblo. Llegué un minuto antes, pero ya estaba allí él y la otra alumna que se examinaba aquél día, quien me miró con cara de “si llegas un minuto más tarde, nos vamos sin ti”. Con una sonrisa, le mostré el reloj de un móvil modelo zapatófono que tan sólo servía para llamar y enviar mensajes de 160 caracteres (cómo ha cambiado el mundo moderno). Ella miró al profesor y le preguntó “¿cómo es que no está nervioso?”, refiriéndose a mi.

Coche de autoescuela

Porque, eso si es verdad. Recuerdo que sólo estuve nervioso los primeros trescientos metros de mi examen de conducir. Antes y durante estuve bastante calmado. Supongo que es la ventaja de haber obtenido el carnet en una edad algo más avanzada de lo normal. Ya tenía bastante bagaje en situaciones de compromiso: la selectividad, cuarenta exámenes en la carrera de Física, seminarios impartidos en inglés, un par de años dando clases a estudiantes de primero…

El examen de conducir se llevaba a término en la capital de comarca, a unos diez kilómetros de mi pueblo. El profesor dejó que fuera mi compañera quien nos llevara hasta una gasolinera que había a la entrada de la ciudad, como calentamiento. Yo llevé el coche hasta la zona donde nos esperaba el examinador. Quiso que nos examináramos en ese orden, porque opinaba que yo tendría menos problemas en las empinadas cuestas que conducían a la zona del examen de conducir en la vuelta.

Mientras actuaba mi compañera yo estaba desconectado. Sólo me desperté un momento para mirar como el funcionario a mi derecha anotaba algo en el papelito que tenía en su regazo. Así es como puntúan, pensé. Tras un rato que a mi me pareció mucho más corto que a mi compañera, el examinador le pidió que parara el coche. Y dio la orden de cambiar de conductor. Al cruzarnos fuera del coche le dije que lo había hecho muy bien y me deseó suerte.

Un suspiro profundo, que detuvo el mundo durante un par de segundos… y a dar el callo.

Coche de autoescuela

Tras bajar del coche, yo estaba comedidamente satisfecho. Estaba convenido que había ido bien. Salvo algo grave de lo que no me hubiera percatado, creía que había aprobado. El profesor, el coche y el examinador se fueron con otra chica de la autoescuela que tenía que hacer el examen de conducir el mismo día (por algún motivo, aparentemente sólo podían ir dos alumnos en el coche al mismo tiempo durante el examen, así que ella fue a las pistas por su cuenta media hora más tarde que nosotros).

Los que ya habíamos pasado por el patíbulo del examen de conducir nos fuimos a tomar algo al bar de las pistas. Un rato más tarde, recibimos la perdida del profesor. Nos felicitó a los dos primeros. La tercera alumna llevaba mala cara, ella había suspendido: 1516 I.P.C (Intervención del Profesor Correcta).

De vuelta a mi pueblo, lo primero que hice fue llamar a mi chica, la que más kilómetros ha compartido conmigo este último lustro. “Oye, que ya he aprobado el examen de conducir“. La pobre se quedó patidifusa, no sabía que iba a examen ese día. No lo había dicho a nadie, quizá porque que te intenten animar no ayuda para nada a tomarlo con naturalidad.

Hoy, pensando en aquel día y releyendo el artículo del primer aniversario, me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado el mundo en los últimos cinco años. O quizá quien ha cambiado soy yo. Ahora, cuando tengo que coger el coche, ya no pienso demasiado en el embrague, ni en ir con cuidado con esto u otro. Ahora más bien pienso en el depósito de combustible, cinco años de repostar han hecho mella en mi.

Lo que sí puedo decir es que hay un principio que me he esforzado por mantener durante todos estos años: intentar no pensar que ya lo sé todo. Cada curva, cada cruce, cada situación es una oportunidad para seguir aprendiendo, y para aplicar todo aquello que ya sé para llegar a mi destino, que no es más que el siguiente aniversario del carnet.

Foto | Tony Crescibene, David J Morgan

  • Escargot

    Cinco añitos… qué lejos ha quedado el quinto aniversario de mi carnet. Yo ya estoy más cerca del duodécimo. Pero pienso lo mismo que tú: “ojo, que no lo sé todo”. 🙂

    Yo también aprobé un lunes… lo hice en el primer turno porque después tenía que irme en autobús. Y fue en el autobús, justo antes de que arrancara, cuando vi aparecer a mi profe y me lo dijo.

    Lo mejor es todo lo que ha venido después. 🙂

  • Precioso artículo, Jaume. Yo también recuerdo bastante bien cuándo saqué el carnet un conducir, allá un jueves 21 de octubre de 2004.Era un día lluvioso y fiesta de los estudiantes de medicina. Yo elegí ser el primero y tras un breve recorrido y aparcar, creí que me habían cateado. Pero no, hubo suerte. Lo que sí recuerdo es la extraña de tranquilidad y nervios imperante en todo momento de mi examen práctico. Yo también soy como vosotros, Jaume y Escargot. Aunque todavía no haya tenido ningún percance, NO LO SÉ TODO.
    Un abrazo

  • Escargot

    La teórica la aprobé a la primera, pero la práctica… ¡a la cuarta! Las tenía todas para aprobar a la primera, pero hice el tonto… me había tocado en el segundo turno, había estado hablando con el otro al que también y me había contado que a él le habían suspendido por ir despacio… y yo decidí que no me suspenderían por eso, y justo hice al revés.

    Del día de la teórica recuerdo que nos enteramos tardísimo del resultado porque el profe que tenía que ir a por ellos se equivocó de hora y llegó una hora tarde al sitio donde hacían el examen, estaba cerrado y tuvieron que abrirle de propio.