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17 enero 2010


Agentes Cebra, niños que vigilan la seguridad vial

Josep Camós

El segundo ‘Informe Cebra’ de la FUNDACIÓN MAPFRE revela nuestra realidad vial

El ojo del niño, testigo de la realidad vial

Conductor infractor, estás avisado. No es Pere Navarro quien te espía radar en mano. No es ese Seat Altea plateado que te parece un vehículo policial camuflado. No es ni siquiera el municipal de la esquina, que sólo vigila que nadie deje el coche en doble fila. No, no, no. Ahora las cosas han cambiado. Ahora son los niños los que están tomando buena nota de lo que haces mientras conduces. Y luego lo van a explicar. Vaya que sí.

De forma periódica, la FUNDACIÓN MAPFRE convierte a los niños de miles de familias en Agentes Cebra. De esta manera, la sociedad cuenta con unos extraordinarios auditores de la realidad vial vista a pie de calle, sin filtros. Ahora se ha publicado la segunda edición del Informe Cebra, y en ella se revela, por ejemplo, que la mitad de los chavales menores de 13 años ven a sus padres hablar por el móvil mientras conducen, mucho más de lo que es capaz de detectar cualquier control de la Policía. También cuentan los niños que el uso del cinturón se eleva hasta el 97% de los casos, lo que más o menos cuadra con los resultados oficiales siempre que hay campaña de inspección.

Niño observador

El Informe Cebra se enmarca dentro del programa educacional Circulando, que desde 2004 lleva a cabo el Instituto de Seguridad Vial de la FUNDACIÓN MAPFRE para fomentar en el ámbito escolar y familiar las mejores pautas de seguridad, movilidad y solidaridad. En esta ocasión, han sido 3.000 las familias que se han prestado para realizar un preciso retrato de las actitudes de los conductores, recogiendo también las opiniones y sugerencias que han ido surgiendo de la experiencia.

Es una iniciativa interesante. De un lado, los niños están atentos a lo que los rodea porque de esta manera aprenden a entender cómo funcionan las cosas. Son puras esponjas, y a menudo tienen una capacidad pasmosa para detectar en sus mayores cualquier incoherencia entre aquello que debería ser y aquello que ven hacer realmente. ¿Por qué no aprovecharlo para averiguar en qué fallamos como conductores?

Por otra parte, implicando a los niños en la educación vial desde un punto de vista activo se labra el camino para hacer realidad la famosa cita de Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Y yo, que siempre he sido muy pitagórico para algunas cosas, no puedo evitar asentir con satisfacción mientras imagino un grupo de niños redactando lo que han visto hacer a sus mayores, no necesariamente con un aire de censor, sino simplemente con el interés de saberse una pieza clave en la cadena de la educación vial de nuestra sociedad.

Mirada inquietante

Sin duda alguien se preguntará si este tipo de acciones no pueden derivar en una suerte de revancha infantil contra algún castigo paterno: “Me dejaste sin postre y ahora yo diré que aparcas en triple fila cuando me llevas al cole”. Visto así, la mirada del niño se transformaría en una amenaza para el conductor, lo que no contribuiría precisamente a la mejora de nuestra seguridad vial.

Pero no creo que sea el caso. En realidad imagino un escenario en el que los niños recopilan virtudes y defectos viales de sus mayores para luego mostrárselos cara a cara. Si la cosa se hace bien, no veo por qué nadie tiene que ofenderse. Nunca he hablado con el padre de un Agente Cebra, pero la técnica es básicamente la que empleo yo con mis alumnos. Observo en qué fallan sus conocimientos, habilidades o actitudes al volante y lo comento abiertamente. Y en cada uno de mis alumnos queda la tarea de modificar sus formas de proceder. Si no supieran qué es lo que va mal, no cambiarían.

Oye, y si algún conductor ve en estos diminutos auditores una amenaza… a lo mejor es que necesita que le canten un poco las cuarenta. O hasta las cincuenta.

Foto | chefranden, Dani_vr, Pingu1963

En Circula Seguro | Educación Vial: De tal palo, ¿tal astilla?

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