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27 diciembre 2009
La cruda historia del conductor que se droga mientras que sus acompañantes callan por temor

De vez en cuando el alumno llega a la autoescuela con un acompañante y me pregunta si esa persona puede venir con nosotros mientras hacemos la práctica. Nunca me niego. Sé que a veces el acompañante viene sólo para no quedarse colgado en la calle durante una hora, y sé que otras viene para evaluar a mi alumno y así luego darle su parecer sobre por qué no quiero que vaya a examen todavía. Son gajes del oficio que me tomo con buen humor. Hace ya tiempo que entendí que todos saben más de mi trabajo que yo mismo, de manera que acepto que el acompañante opine acerca de mi labor como docente a cambio de que se mantenga en silencio durante la práctica.
Hace unos días, mi alumna Ana se presentó con Eva, una amiga suya que no quería evaluarme sino que se negaba a congelarse en la calle durante una hora. Al poco de comenzar la clase, tuve que dejar un momento a ambas chicas a solas en el coche para recoger una documentación en la autoescuela, y al volver me las encontré debatiendo sobre una llamada que al parecer había recibido Eva en su móvil. La había llamado Eli porque Isi estaba muy cabreado con todas ellas. Isi se negaba a llevarlas aquella noche de viernes en el coche porque había corrido de boca en boca que él se metía de todo y que daba miedo su forma de conducir. Total, que se habían quedado sin medio de transporte para ir de fiesta a la discoteca de un mal comunicado polígono industrial.
Las chicas estaban al borde de la desesperación. Se habían quedado sin coche horas antes de salir por ahí. Y todo porque alguna amiga común, seguramente Rut, se había ido de la lengua al decirle a Isi que daba miedo acompañarle cuando había tomado un poco de todo. La conversación derivó hacia la escasa actividad neuronal del cerebro de Rut. Tanto Ana como Eva se mostraban perplejas por la enorme candidez de esa amiga común al haber sido tan inocente de espetarle a Isi su peor defecto.
“Pero, ¿cómo puede haber sido tan tonta de decirle algo así?” “Si es que es normal. Es que no me extraña que Isi nos haya dejado colgadas. Me dicen a mí que da miedo cómo conduzco y les digo que ya se pueden ir caminando.”

Total, que el drama era que las habían dejado sin poder ir de fiesta y la culpable de todo era Rut. Y los dramas, a según qué edades, se magnifican hasta límites imposibles, de manera que me encontré en un fuego cruzado difícil de cortar y encauzar hacia mi propósito como profesor de prácticas. Decidí emplear entonces mi perfil de profesor de teórica y fui dejando que el debate fluyera mientras le pedía a mi alumna que hiciera estacionamientos sin ningún tipo de riesgo, sólo para evitar que su permanente estado de distracción nos metiera en un apuro.
Tras mucho aguantar faltas de silencio en el coche, mi única reflexión en voz alta al acabar la práctica vino a ser algo como: “Si lo que decís sobre Isi es cierto, entonces quizá vuestro problema de verdad no es exactamente que os hayáis quedado sin coche.”
No estoy seguro de que entendieran lo que les quería transmitir, pero aquellas chicas tampoco parecían demasiado predispuestas para abrir sus mentes a una nueva realidad. El drama seguía siendo haberse quedado sin medio de transporte para irse de fiesta. El próximo día, ya sin la acompañante Eva, espero poder charlar tranquilamente con Ana sobre los riesgos de subirse a según qué coches con según qué conductores al volante. Eso, si es que la chica continúa con vida, claro.
Foto | GuerreroTook, inocuo
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Tags: alcohol, drogas, jóvenes
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Comentarios
Pues sí, la verdad es que existen casos así. Sin ir más lejos, en una noche de esas en que hay 4 o 5 fiestas mayores, pude ver las dos caras de la moneda. Por un lado, me presentaron a una chica, la mar de maja ella, estudiante de Biotecnologia, que estuvo bebiendo toda la noche y, como no, decidió conducir para volver a su pueblo. Le dije que no debía conducir habiendo bebido, les dije a sus amigas que no le dejaran conducir… pero nada, cogió el coche igualmente. Esa misma noche, una de las chicas que venia conmigo en el coche, cuando volviamos hacia el pueblo, me pidió por favor, que fueramos a otro pueblo a buscar unas amigas suyas con las que yo había tenido algun rocecillo y no me hablaba, que se habían quedado tiradas y no querian ir con ninguno de las decenas de borrachos de nuestro pueblo que pululaban por ahí. Habían llamado un taxi, pero llevaban una hora y no daba señales de vida, así que me lo dijeron a mi, que les caigo fatal y lo sé…
#1 | Escrito por PAL | 29 dic 2009 09:42:07
Lo malo de todo esto es lo siguiente, ¿cómo vas a hacer entrar en razón a una persona ebría, si cuando está sobría le parece bien conducir bajo los efectos del alcohol?
Lo malo es cuando se topa uno con personas violentas, que en ese caso lo mejor es alejarse de ellas por mucho que te pueda pesar. ¿Por qué que es más importante, tu vida o tener un amig@ que te llevó al foso?
Nadie en su sano juicio juega a la ruleta rusa, pues esto para mi entender es igual.
Un saludo
#2 | Escrito por cachitas | 29 dic 2009 16:49:50
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