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29 agosto 2007


La elevada demanda de biocombustibles dispara el precio del trigo en toda Europa

Josep Camós

Campo de trigo
¿Pan o gasolina? En otoño habrá que empezar a elegir. Los biocombustibles son una alternativa energética que se viene explorando desde la década de los noventa para cumplir con el Protocolo de Kyoto que persigue la reducción del efecto invernadero. La idea inicial era frenar las emisiones de CO2 y hacer frente a la escasez de recursos fósiles empleando derivados vegetales como fuente de energía para la automoción.

Pero con el tiempo este recurso se ha revelado contraproducente. De un lado, porque los agricultores han priorizado el cultivo energético por encima del cultivo alimenticio, como sucedió en América y como comienza a suceder ya en Europa. Por otra parte, porque las emisiones de dióxido de carbono derivadas de la producción de biocombustibles podrían ser muy superiores a las derivadas de los combustibles fósiles.

El Banco de España ha apuntado ya una tendencia al alza de los precios de la alimentación, en parte por el incremento de la demanda mundial de biocombustibles. El trigo aparece en el punto de mira como ocurrió meses atrás con el maíz en América. Sin embargo, las asociaciones de consumidores minimizan la importancia del problema recordando que la alimentación sólo constituye un 20% de nuestra cesta de la compra.

La especulación tiene un papel destacado en este conflicto, en el origen de la producción y también a lo largo de la cadena de comercialización. Tanto es así que la OCU ya ha manifestado su temor por que los diferentes agentes aprovechen el alarmismo y la subida de precios para aumentar sus márgenes de beneficios, que ya se sabe que a río revuelto, ganancia de pescadores… y de distribuidores.

El factor medioambiental es otro punto interesante. Según un estudio publicado por la Universidad de Leeds y el World Lands Trust, de Reino Unido, los biocombustibles no son una alternativa eficaz para reducir las emisiones de CO2. De hecho, cuando se talan bosques para dedicar las áreas a cultivos energéticos se libera una cantidad de dióxido de carbono mucho mayor que la emitida por los vehículos durante treinta años.

Pero existe una amenaza mayor: el efecto mimético. El modelo de los biocombustibles no es exportable a todo el mundo. Si todos los países adoptasen los biocombustibles como fuente de energía, previsiblemente deforestarían sus territorios para dedicar grandes extensiones al cultivo energético, pronto desaparecerían los grandes bosques del mundo, y con ellos las verdaderas reservas ecológicas de la Tierra.

Vía | El País, Revista Science

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