1.807 kilómetros de alto riesgo en las carreteras, según el último informe EuroRAP

Sólo en uno de cada seis tramos peligrosos hay instalado un radar fijo

Frenazo en una carretera

El último informe EuroRAP sobre el estado de las carreteras nos ha dejado un par de datos que, confrontados, dan para alguna que otra reflexión. De un lado, sabemos que un 12,5% de las carreteras analizadas presentan un nivel de riesgo elevado. Son 1.807 kilómetros de vía que en cualquier momento nos pueden dar un gran disgusto, y el 21% de ellos se consideran de especial peligrosidad, candidatos a punto negro en toda regla.

Por otra parte, el informe revela que más del 65% de los tramos de riesgo elevado no dispone de un radar fijo para controlar la velocidad de los vehículos que circulan por esos lugares, lo que nos lleva a preguntarnos por la verdadera utilidad de los controles que pueblan nuestras carreteras por nuestra seguridad.

Gracias al EuroRAP sabemos cómo es el retrato robot de un tramo con un nivel de riesgo elevado. Es un tramo de carretera convencional con calzada única, cruzada a nivel por otras vías y con una cantidad de tráfico medio diario de menos de 10.000 vehículos. Estadísticamente hablando, de cada 100 siniestros que se registran en estos tramos 40 corresponden a salidas de la vía y 20 son colisiones frontales.

Quienes lo tienen más fácil para conocer de cerca estos tramos viven en Granada, una provincia que concentra peligrosidad en un 67% de los tramos analizados. En la zona de Huesca también lo tienen claro, ya que hasta el 48% de las carreteras analizadas son chungas. En Alicante y en Ávila saben lo que es el riesgo elevado en un 35% de las carreteras. Por contra, en Almería, Asturias, Barcelona, Girona, Guadalajara, La Rioja, Málaga, Murcia, Palencia, Salamanca y Tarragona respiran con relativa tranquilidad: las cuotas de peligrosidad de sus carreteras son las menores de España.

Puntos negros

¿Cómo se entiende que exista esta concentración de puntos peligrosos en nuestra red viaria? El informe EuroRAP debería constituir un primer paso para la resolución del problema. Los tramos de alto riesgo están ya identificados. Nadie puede decir que no se conozcan. Tenemos incluso un ranking de provincias con carreteras de vértigo, que resulta especialmente preocupante en el caso de Granada. Circular por la mayor parte de las carreteras analizadas en aquella provincia es un deporte de riesgo o un ejercicio de masoquismo. Da que pensar sobre muchas cosas. La primera de ellas, la gestión de nuestras infraestructuras. ¿Cómo se llevará a cabo? La única respuesta que se me ocurre es: “necesita mejorar”.

Las conclusiones del informe llevan a pensar, también, en cómo es posible que teniendo estos problemas en nuestras vías no haya más desgracias. Y la respuesta apunta hacia dos posibles argumentos. El primero, el de la carga de tráfico. Como no circulan demasiados vehículos por allí, no se mata demasiada gente. Esperemos que esas carreteras no tengan que soportar nunca una parte del tráfico habitual de una vía principal cortada por cualquier contingencia inesperada. Si eso llegara a ocurrir, el balance anual de la DGT se dispararía hasta límites insospechados.

El segundo argumento, supongo, se centrará en el hecho de que los conductores tengan por la mano la singularidad de estas carreteras. Dicho de otra forma, los lugareños deben de ser los que menos mal lo pasan al circular por esos tramos de alto riesgo, conocedores de la escasa seguridad vial con que cuentan en las infraestructuras que les ha tocado en suerte. Malos tiempos corren para los turistas, pues. Quien no conozca la carretera se expone a lo peor.

Menos mal que se espera que el año que viene no nos van a subir los peajes. Iremos por la autopista, a la espera de que a alguien se le ocurra mejorar el estado de las carreteras más cutres de los lugares que visitamos. Eso sí, viajaremos con un ojo puesto en la vía para ver hacia dónde vamos, otro en el retrovisor para controlar a la manada de cabestros que nos rodean y el tercero siempre pendiente del velocímetro, que ya se sabe que los controles de velocidad abundan donde más rentables resultan, y no necesariamente donde más colisiones se registran.

Vía | prnoticias, Revista Consumer

Foto | mikelo, Josep Camós

  • Este estudio arroja públicamente algo que ya se sabe: los radares son para recaudar. Puesto que no se justifica aquella de que “se colocarían sobre todo en los puntos negros de siniestralidad por velocidad excesiva”. Muchas rectas y tramos de autovías y autopistas amplísimas no son precisamente esos puntos negros.

    Pero no nos engañemos, poner radares en estos puntos tampoco sería una solución. Al que el radar le de igual y vaya “de tramo” siendo un auténtico irresponsable y novato al volante, seguirá existiendo… es decir, que alguna vez que otra, aún con radar se seguirá despeñando gente por esos puntos o saliéndose de la vía.

    Y a los pobres turistas… pues que circulando como se debe, pendiente de la carretera y yendo con más cautela por sitios desconocidos por lo general no pasan esas cosas. Yo lo tengo clarísimo, salvo que aparezcan terceros factores de peso que no sea encontrarse con el zumbado anterior saliéndose recto, como pueden ser una placa de hielo, una mancha de aceite… si se va con precaución no pasan estas cosas. La burrada que hay que hacer por sí mismo debe ser muy gorda como para que un coche se salga de la carretera.